| En el bicentenario: ¿Ciudadanos Jóvenes? | ||||||||||
Juan Claudio Silva, Centro de Estudios Sociales CIDPA El contexto Hace exactos 10 años nos encontrábamos inmersos en un escenario que leíamos esperanzadamente para el accionar en temas de ciudadanía y juventud. En ese entonces, como ahora, los esfuerzos dirigidos a abordar las complejidades del mundo juvenil eran situaciones más bien excepcionales. En dicho momento, fines de las década de los 90, existía una cincuentena de Oficinas Municipales de Juventud u organismos comunales dedicados a ellos; hoy, cuando nos preparamos para las celebraciones del Bicentenario, no hay registros de dichas experiencias y los organismos especializados dedicados a jóvenes son prácticamente inexistentes, quizá con la sola excepción del Departamento de Jóvenes de Concepción, experiencia pionera y única —por su consolidación y permanencia— en las más de 300 comunas del país. En este momento, cuando celebramos 20 años de existencia institucional, nos tomamos un instante para reflexionar y hacer un balance provisorio. Hemos sido testigos de cuatro gobiernos elegidos democráticamente, estamos ad portas de la quinta elección de Presidente de la República, y aún la perspectiva general es que en materias de juventud los avances han sido escasos y limitados. Quizá la principal y más importante deuda sea la restringida institucionalidad juvenil, que salvo algunas honrosas excepciones, no se encuentra a la altura de los desafíos que la población juvenil de nuestro país demanda. Actualmente, el Instituto Nacional de la Juventud, definido como un organismo técnico y asesor en materias de políticas de juventud, irrumpe en la cotidianeidad citadina con Centros de información Juvenil y Fondos de Iniciativas Juveniles, junto con algunas campañas informativas de distinto tipo y significado. De la misma forma, las oficinas de juventud municipal o comunal, es decir, organismos técnicos enraizados en el gobierno local, casi han desaparecido en su totalidad y cuando subsisten, en su gran mayoría forman parte de un entramado, en el cual se confunden niños, jóvenes, tiempo libre y asuntos diversos. Es decir, de especialización y políticas sectoriales muy poco. Ciudadanos para qué Por otra parte, una discusión de fondo, que no se ha producido ni remotamente en este período, es respecto a ¿qué ciudadanía juvenil queremos levantar?, y si es que finalmente existe la necesidad o intencionalidad, desde la sociedad civil y también desde el Estado, de reivindicar y proyectar un ciudadano joven, distinto del consumidor de bienes y servicios dirigidos a este segmento etario. Probablemente, frente a estas inquietudes existan múltiples respuestas posibles. Sin embargo, nosotros desde ya, sostenemos la irrenunciable necesidad de fortalecer y densificar el entramado juvenil, no tan sólo como inmediato deber de justicia, sino por las implicancias en el largo plazo, tanto de los que actualmente son y viven a su particular modo su «ser joven», como por la imperiosa necesidad de ir generando avances y mejoras permanentes, significativas y acumulativas en las condiciones del devenir «joven». Dado que, vemos que los quehaceres sociales, culturales, artísticos, religiosos, políticos inclusive, que emprenden acciones con el protagonismo efectivo de las personas, sean jóvenes o no, normalmente generan preguntas fundamentales de la existencia colectiva: ¿quiénes somos?, ¿qué deseamos lograr?, ¿en quiénes nos reconocemos?, ¿quiénes son nuestros aliados?, y ¿frente a quiénes hemos de situarnos? O sea, preguntas que nos ubican no como espectadores de la historia u observadores de las acciones y esfuerzos que otros ejecutan sino, como afirma Demo, al situar su perspectiva de ciudadanía, cómo nos hacemos parte activa y constructora de nuestro propio desarrollo. Pues para él, ciudadanía no es otra que aquella «competencia histórica para decidir y concretar la oportunidad de desarrollo humano sostenible; indica la capacidad de comprender críticamente la realidad y, sobre la base de esta conciencia crítica elaborada, de intervenir de manera alternativa; se trata de transformarse en sujeto histórico y como tal participar activamente; en este sentido la capacidad organizativa es fundamental porque potencia la competencia innovadora; en el reverso de la moneda, la cuestión consistirá en la superación de la masa manipulable y la pobreza política» (Demo, 1997). Es decir, que la cuestión de la ciudadanía no es una «elección» entre productos y ofertas disponibles en la plaza pública o en un «mall de servicios», para estar a tono con los tiempos actuales; sino muy por el contrario, implica un esfuerzo por alcanzar objetivos y metas colectivas, encaminados a alcanzar grados de protagonismo histórico, aunque sea a nivel de la irrupción en las historias personales de un cambio en la trayectoria esperada, llevando a superar la condición de «masa manipulable, canjeable o disponible», haciéndose o volviéndose un tanto más conscientes del devenir en el que sus vidas se encuentran inmersas. En esta tarea inconmensurable, vemos que nuestra sociedad, las instituciones públicas y privadas, la escuela y la universidad, la clase política y los adultos en general, no hemos aportado lo suficiente, aumentando en vez de disminuir la deuda con la juventud que declarara Patricio Aylwin, en los albores de la naciente democracia chilena. Desafíos para una ciudadanía juvenil Frente a estas deficiencias e inconsistencias del modo en que hemos construido nuestra sociedad en las últimas décadas, permanecen algunos desafíos tanto para quienes deberían ser los primeros interesados en este debate, los jóvenes, como para quienes aportan visiones y perspectivas, muchas veces divergentes entre sí, sobre el quehacer y el rol que les compete a las nuevas generaciones, en la construcción de la sociedad de la que somos parte. A modo general y desde nuestra óptica, visualizamos al menos
los siguientes desafíos:
En estos 20 años hemos insistido y criticado aquellos enfoques, que aportan visiones desesperanzadoras y apocalípticas del mundo juvenil, y que por ende restan dinamismo y visibilidad a las expresiones algunas veces caóticas del devenir juvenil, pero que contienen en sí las fuerzas y energías renovadoras que todo organismo requiere para sobrevivir. Extraer los aprendizajes y valores que ellas contienen, es tarea de muchos, en distintas esferas de lo público y lo privado. Y ese ha sido nuestro principal empeño y para ese estamos renovando apuestas y pensando alto... ¿Por otros 20 años... más?
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